Tengo derecho a tener obligaciones

Debería sorprendernos que hoy en día, cuando todos buscamos el bienestar sobre todas las cosas, cuando el sacrificio es un concepto de otros tiempos que nadie entiende, y cuando el bien colectivo parece estar supeditado siempre al bien individual; haya personas que estén luchando porque les dejen tener responsabilidades, desvelos y preocupaciones. ¿De que extraterrestres estaremos hablando?

Se trata de padres y madres (los primeros en mayor número), que están siendo privados de algo tan legítimo como es su derecho a velar por sus hijos, tenerlos en su compañía y formarlos de forma integral. ¿Habrá algo más natural? Precisamente en eso consisten las relaciones paterno filiales, además del deber de alimentarlos, y todos debemos tener claro que es esta una obligación que conservan los padres, aún cuando no tengan la guarda y custodia de los niños tras la ruptura.

El otro día leía en una nota de prensa un suceso que desgraciadamente ocurre con más habitualidad de la que debiera ser normal. Y es que un padre divorciado, acudía a final de curso al colegio de sus hijos menores para solicitar las calificaciones, y la tutora no se las quiso entregar, negándose así mismo a ofrecerle cualquier otra información sobre ellos. La explicación a tal negativa fue que no tenía la guarda y custodia y que se las solicitara a la madre. Imagino como se pudo sentir ese señor.

Esto, como digo, no es un suceso aislado. A nuestro despacho llegan reclamaciones de ese tipo de forma habitual, y suceden por un mal entendido derecho a la privacidad que en este caso no tiene razón de ser ni justificación alguna. Ocurre lo mismo en el tema sanitario, cuando el médico de cabecera se niega a entregarle al padre o la madre no custodio, el historial de su hijo/a como si de un extraño se tratara. ¡Una barbaridad!

Y es que el deber de los padres a educar a sus hijos y procurarles formación integral no puede quedarse únicamente en un bonito enunciado; es un verdadero derecho/deber que viene impuesto en la ley, concretamente en el Artículo 154 del Código Civil; precepto que parece olvidarse más de la cuenta.

Pero es que además, ese deber no se refiere únicamente al aspecto intelectual (en el que entraría el derecho a tener toda la información de su evolución escolar, elección de centro, etc.), sino también al aspecto religioso, moral y educacional; en definitiva, a todo lo que sea necesario para el pleno desarrollo de la personalidad del niño.

El progenitor custodio no puede irrogarse en único responsable y valedor de los derechos del menor como si el otro no existiera. El niño necesita de ambos; es su derecho y como tal, debe ser protegido sobre todas las demás consideraciones personales de los progenitores. Pero es más, aunque ciertamente es el interés de este niño el que debe prevalecer, no podemos olvidar tampoco los derechos del padre o la madre que, por las circunstancias que sean, no tienen la custodia. Ellos tienen toda la legitimidad a exigir que se les permita actuar como padres; y por otra parte, nadie tiene el derecho a privarlos de ello sin que exista causa justificada y grave.

Por supuesto que nadie duda que este ejercicio conjunto de la patria potestad puede dar lugar a situaciones conflictivas por la disparidad de criterios; esto también ocurrirá cuando la pareja está unida, pero en este caso, y una vez separados, ninguno de los padres tiene prioridad sobre el otro, siendo necesario acudir al juez para que, tal como la ley establece y una vez escuchadas a las partes, decida cual de ellos impondrá su criterio. Y es que como decía Kant «todos somos iguales ante el deber moral».

Soledad Benítez-Piaya Chacón
Diario El Mundo – 20 de junio de 2011