La leyenda negra sobre las nulidades matrimoniales

“El matrimonio debe incesantemente combatir un monstruo que todo lo devora: la costumbre”

(Balzac)

En esta sociedad en la que vivimos, las rupturas de los matrimonios están a la orden del día. Ya no nos sorprende que personas de nuestro entorno más cercano nos comuniquen que han decidido separarse. Los datos son abrumadores: en España se rompe una pareja cada tres minutos.

Pero si esa es una realidad, también lo es que se celebran cada día más bodas, y que estas bodas son casi en igual número civiles y religiosas. Sin embargo, cuando llega el momento de la ruptura, la mayoría de las personas se decantan cada vez más por procedimientos civiles en lugar del procedimiento canónico de declaración de nulidad.

Las razones considero que son variadas en el sentido del descrédito de los procesos canónicos a través del precio, modo y manera de conseguir esta nulidad. Este es un tema que me preocupa, porque nada de eso es cierto: Ni es un proceso sólo para ricos y famosos, ni es un proceso inquisitorio, ni es “eterno”, término que en contexto de este artículo viene al pelo.

Es cierto que el desconocimiento de estos procesos provoca desasosiego, por no saber a qué atenernos cuando nos encontramos ante una ruptura. Algunas personas por sus creencias preferirían acudir a los tribunales Eclesiásticos, pero se paran en seco cuando en conversaciones rutinarias aparece su leyenda negra.

La realidad es bien distinta a como se pinta. En primer lugar hay que aclarar que en personas con demostrada falta de recursos económicos, la Iglesia contempla la exención total de las costas, o su exención parcial para recursos limitados. Lógicamente los abogados que estén adscritos a este turno de oficio se comprometen a reducir sus honorarios en la medida que el Tribunal lo determine. Por lo tanto, no es cierto que las personas sin medios económicos se vean imposibilitadas para intentar la declaración de nulidad de su matrimonio.

Por otra parte, y en cuanto a que sean los famosos los acaparadores de estos procesos, nada más lejos de la realidad. Se olvida que, como es lógico, lo que salta a la prensa…incluso a la TV, son las vidas de estos personajes, pero la inmensa mayoría de las causas de nulidad matrimonial son de personas anónimas. En concreto decir, que en más del 70% de éstos procesos las partes son de clase media.

Un procedimiento de nulidad matrimonial supone el trabajo de las siguientes personas, especialistas en la materia y pertenecientes a la plantilla del tribunal eclesiástico: Tres jueces en el tribunal de primera instancia (son los que dictarán la sentencia). Tres jueces en el tribunal de apelación (son los que confirman o no la sentencia anterior). Un notario y otro adjunto en cada uno de los tribunales. El personal administrativo. Todas estas personas son pagadas por el tribunal eclesiástico. Pues bien, las tasas totales de un procedimiento de nulidad matrimonial son de unos 950 € para la primera instancia y 250 € para la segunda instancia, cantidades que cubren el trabajo de todas las personas indicadas durante todo el tiempo que dura el proceso. Y esto es lo único que percibe el Tribunal eclesiástico. Por tanto, no es cierto que la Iglesia se enriquezca a costa de ellos.

En este sentido, una nulidad matrimonial resultará más o menos cara dependiendo del abogado que la defiende. Los abogados son como los médicos particulares: se puede ir a uno caro, a uno no tan caro, o a uno barato. Lo que es absolutamente necesario que el abogado sea especialista en derecho matrimonial canónico para que pueda hacer una buena defensa ante el tribunal de la Iglesia. Es una realidad, que un abogado no especializado en estos temas canónicos posiblemente nos saldrá más caro al final por muy bajos que hayan sido sus honorarios, y quizás la situación creada tras la negativa del tribunal sea ya irreparable.

Cuando ustedes tienen que operarse de la rodilla, no se les ocurre ir a un médico de medicina general ó a un oculista ( y vuelvo con los médicos por ser el ejemplo más evidente). Pensarán que su rodilla merece un especialista y que quieren sanarla; pues igual debe ocurrir cuando quieran solucionar una situación personal en la que entran en juego aspectos personales y familiares.

Es cierto que el proceso de nulidad es complejo, pero no para las partes, sino para los profesionales que intervienen en el mismo. Así, para contraer nuevo matrimonio ante la Iglesia se requieren dos sentencias de nulidad afirmativas en dos instancias distintas. Una vez obtenidas estas dos sentencias ante los Tribunales Eclesiásticos, se puede solicitar, para que tengan eficacia civil, el llamado “ajuste al Derecho del Estado” ( art. 80 del Código Civil), mediante el cual se da efectividad civil a esa nulidad canónica en virtud de los Acuerdos celebrados entre la Santa Sede y el Estado Español (concretamente el Acuerdo sobre Asuntos Jurídicos, art. VI.2). La duración de todo estos trámites tampoco es como la pintan. Se piensa que se trata de procesos interminables cuando en realidad, y tal como está la jurisdicción civil, no se prolongan durante mucho más tiempo que un divorcio contencioso, porque eso del divorcio “exprés”, es absolutamente falso, de exprés nada de nada. Para los procesos canónicos lo usual es que se prolongue durante un año para Primera Instancia y en Segunda Instancia unos tres meses como media.

No quisiera finalmente dejar de aclarar que las resoluciones de los Tribunales Eclesiásticos no afectan al tema de hijos (que son matrimoniales aunque se declare la nulidad), ni entran a valorar los efectos civiles del matrimonio, materias que son de competencia de la autoridad civil. Por tanto, una vez obtenida la nulidad del matrimonio, las partes, si no están divorciadas, deberán iniciar los trámites civiles correspondientes para poder volver a contraer matrimonio tanto civil, como canónico.

Entiendo que cuando una pareja se encuentra en crisis y quiere incidir trámites judiciales, es imprescindible que conozca todos los caminos posibles, se informe, valore, y finalmente elija con conocimiento de causa el que mejor le convenga.

Soledad Benítez-Piaya Chacón
Diario El Mundo, 11 octubre 2009