Divorcio y dinero

“Si quieres saber el valor del dinero, trata de pedirlo prestado” (Benjamín Franklin)

No es ninguna novedad decir que cuando una pareja se encuentra inmersa en un conflicto familiar, uno de los principales motivos de discordia es el económico, llegando éste incluso a interferir, en un posible acuerdo sobre la custodia de los hijos. Y es que a nadie se le escapa ya, que ostentar la custodia de los menores implica también tener el uso de la casa y una pensión.

Pero en este artículo no voy a hablar de ese tema, sino de la situación que se produce cuando un cliente acude al despacho para iniciar trámite de separación ó divorcio preocupado porque su pareja está retirando el dinero de las cuentas bancarias y los fondos comunes, preguntando que deben hacer para evitar esa sangría.

Desde luego, lo primero que debiéramos aconsejarle es que acuda a la mayor brevedad a las entidades financieras para obtener toda la documentación posible que acredite la preexistencia de ese dinero y cuales han sido las disposiciones que se han efectuado. Para esa gestión no tendrá ningún tipo de problema si las cuentas son de titularidad conjunta o autorizada. Y es que hay que tener en cuenta, que esas disposiciones de dinero ganancial que se realicen fuera de lo habitual, si no se acredita que se han utilizado en beneficio de la unidad familiar ó para cubrir cargas familiares, pueden generar en la posterior liquidación de gananciales un derecho de crédito frente a ese cónyuge por el importe actualizado de esas disposiciones irregulares.

El problema puede ocasionarse si, aunque la pareja esté en régimen de gananciales y por tanto los bienes sean comunes, sin embargo la titularidad de las cuentas o fondos sea exclusiva del cónyuge que está retirando el dinero. En este caso el banco no le facilitará la información necesaria y será necesario solicitarla en el proceso judicial, iniciándolo a la mayor urgencia y requiriendo que se libren oficios a dichas entidades para que la faciliten la documentación a través del juzgado.
Esto como es de suponer lleva su tiempo, por lo que hay que reconocer que para estos casos la ley no habilita medidas lo suficientemente rápidas e inmediatas que puedan impedir estas actuaciones. De hecho, aún en el supuesto de que en el procedimiento de separación ó divorcio se soliciten medidas “urgentes” de este tipo, cuando el juzgado viene a actuar, suele hacerlo tarde y por tanto, de forma ineficaz. El dinero habrá volado.

De ahí la importancia en estos casos de recabar la información bancaria para poder así recuperar lo que se haya dispuesto indebidamente del patrimonio ganancial.
Pero como siempre es mejor prevenir que curar, sobre todo en temas legales; en el caso de que nos encontremos al inicio de un conflicto que se presume recio, y si aún ninguna de las partes ha procedido de esa forma, lo aconsejable sería retirar el cincuenta por ciento de esos saldos; pero no para gastarlo, sino para garantizar su persistencia a expensas de lo que resulte de la liquidación de gananciales; porque algo debe quedar claro, y es que aunque el dinero esté a nombre de uno sólo de los cónyuges, si nos encontramos en un régimen de gananciales, pertenece por igual a ambos.

Otro problema muy habitual es que la pareja tenga un negocio familiar creado con dinero ganancial y uno de ellos ignore como se lleva la gestión. En este caso lo más aconsejable es solicitar unas medidas urgentes, antes o junto con la demanda de separación ó divorcio para que se fijen unas reglas de administración. Y es que nuestro ordenamiento jurídico impone a los cónyuges la obligación de informarse recíprocamente sobre la situación y rendimientos de cualquier actividad económica. Es decir, el cónyuge que trabaje en el negocio, no tiene potestad para hacer lo que considera oportuno sin informar al otro; ni antes ni durante el divorcio, y por supuesto tampoco después. Ello hasta que se haya liquidado el patrimonio común.

Concluyo diciendo que llegados a este punto, el mejor consejo que puede darse ante una situación de ruptura es intentar solucionar los conflictos, aunque sean económicos, evitando judicializar el problema; porque seguramente ninguno de los dos saldrá beneficiado en una lucha encarnizada teniendo como campo de batalla a los tribunales. A cada uno lo suyo, no es tan complicado. Porque un hecho es cierto, y es que como decía W.M.Thackeray, muchas veces compramos el dinero demasiado caro.

Soledad Benítez-Piaya Chacón

Abogado